A tapar la calle que no pase nadie
El destierro se mide con el largo de la sierpe;
sierpe es así: uno come para llenar algún hueco
en sus costillas, serpentea, ve una hoja de parra
mal dispuesta, se dispone, llega un chasquido
tremendo o Dios, Dios mismamente que llama
para el trabajo sucio a un ángel muy blanco, casi
nuclear. Uno es desarreglado, pequeño ante
la espada; ama a la mujer que lo tienta (él mismo
la tienta con dos manos a rebosar):
¡Venga, viejo! -le dice- : ¿nunca te dejas llevar?
Pero Él ya calcula otros límites con dos boas
anudadas, referencia
con divinas marcas, clava estacas, alambra y, en su
furia,
promete al uno sudor y frente, a la otra dolor y
caderas.
Luego se va saltando a la comba con ellas.
Julio Obeso González (Gijón, España, 1958). Poeta y autor de relatos.
